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Literatura Andalusí

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Literatura Andalusí

Mensaje por Damaduende el Jue 29 Abr 2010, 23:57

Biografía y obra de

Butayna Bint Al Mutamid


, princesa sevillana hija de Al Mutamid.

Butayna se parecía a su madre, Al Rumaykiyya, por su belleza, su ingenio y su facilidad para escribir versos.

Cuenta la leyenda que cuando los almorávides sitiaron a su padre en Sevilla y se apoderaron de la ciudad, el palacio fue saqueado y Butayna desapareció con un grupo de cautivos. En la larga y penosa etapa que siguió, sus padres no supieron que había sido de ella hasta que les escribió unos versos, que se hicieron famosos y circularon de mano en mano entre los habitantes del occidente musulmán, donde les contaba que un comerciante de Sevilla la había comprado para concubina, regalándosela después a su hijo, y cómo se ocuparon de prepararla para el joven, pero cuando éste quiso cohabitar con ella, Butayna se lo impidió escudándose en su linaje y le dijo: “No seré tuya más que mediante un contrato matrimonial, si mi padre lo conciente. E indicó a sus dueños que llevasen a su padre un escrito de su parte y esperasen la respuesta.

Cuando los versos de Butayna llegaron a Al Mutamid, este estaba en Agmat (Marruecos), preso y lleno de tristeza y las penas. Al Rumaykyya y él se alegraron de saber con vida a su hija y opinaron que esa boda era lo mejor que Butayna podía desear, pues sabían que era el resultado de la situación, el remedio de las desdichas y el menor de los males, aunque el velo de la tristeza cubrió el corazón de Al Mutamid que firmó como testigo en el contrato matrimonial entre Butayna y ese joven.




¡Escucha y atiende mis palabras,
pues ésta es la actitud de los nobles!
Sabréis que fui hecha cautiva,
yo que era hija de un rey de las Banu Abbad,
un gran rey en una época ya lejana,
pues el tiempo conduce siempre a la ruina.
Cuando Dios quiso separarnos
y nos hizo probar el sabor de la tristeza,
se alzó la hipocresía contra mi padre en su reino
y la separación, que nadie quería, se hizo presente.
Salí huyendo y se apoderó de mí un hombre
que no fue justo en sus actos, pues me vendió como esclava,
aunque a alguien que de todo me protege
excepto de la adversidad
y quiere casarme con un hijo suyo,
casto, adornado de las bellas cualidades de los nobles
y que ha ido a ti a pedirte si estás de acuerdo:
ya ves que actuó correctamente.
Ojalá, padre mío,
me hagas conocer si esperar puedo mi amor,
y ojala Rumaykiyya, la real, con su favor,
pida para nosotros la felicidad y la dicha.
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Re: Literatura Andalusí

Mensaje por Damaduende el Vie 21 Mayo 2010, 23:42

Biografía y obra de

Abbada Al Qazzaz

ABBADA AL QAZZAZ, nació en Málaga. Vivió en la corte de Al Mutasim Ibn Sumadih, señor de Almería, en la época de los Reinos de Taifas. Se le considera uno de los mejores poetas de moaxajas.





Ella es luna, sol, tallo que nace
y perfume de almizcle.
Perfecta, brillante, floreciente
y aroma enamorado.
Quién la mira se prenda de ella,
pero es coto cerrado



Última edición por Damaduende el Sáb 22 Mayo 2010, 00:02, editado 1 vez
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Re: Literatura Andalusí

Mensaje por Damaduende el Vie 21 Mayo 2010, 23:48

Biografía y obra de
Abbas Ibn Firnas (810-887




ABU AL KASIM ABBAS IBN FIRNAS IBN WARDAS, también conocido como ABBAS IBN FIRNAS, o por su nombre latinizado ARMEN FIRMAN, nació en Ronda (Málaga) en 810.

Poeta, astrólogo, alquimista y músico. Abbas Ibn Firnas es uno de los personajes más curiosos y extravagantes de la Andalucía de los primeros años de la revolución islámica. Destacó en tantos y tan variados campos del saber que fue llamado Hakim Al Andalus (el sabio de Al Andalus). Es, en todo caso, un espectacular exponente del desarrollo cultural que tuvo lugar en nuestras tierras tras la entrada de las ideas orientalizantes portadas por el Islam.

No se ponen de acuerdo los arabistas sobre el linaje de la familia, algunos historiadores dicen que es de origen bereber lo hacen descender de una familia de linaje norteafricano. Otros le suponen de etnia andaluza –de familia cristiana unitaria posteriormente islamizada-. Lo cierto es que Abbas Ibn Firnas estaba adscrito a la clientela de los omeyas cordobeses.

Pronto comenzaría a dar muestras de su talento, y ya tenemos noticias de él durante el gobierno del emir Al Haksam I; pasó después al séquito cortesano de Abd Al Rhaman II y acompañó, por último, al emir Muhammad, hasta su muerte, poco después del reinado de éste.

Hombre de una extensísima cultura, abarcó casi todas las disciplinas, tanto en el campo de la creación literaria como en el de la investigación científica. Fue muy versado en las letras, que abarcaba los más diversos conocimientos, en el que abundaban las anécdotas históricas, juegos de ingenios, cuentos, etc. Era uno de los hombres de mayor sagacidad y penetración para captar los conceptos sutiles y los secretos de las bellas artes, conocía perfectamente el arte de la música, tocaba el laúd y cantaba acompañándose de él; era filósofo agudo, poeta maestro experto en la ciencia de la astrología; practicó en la magia blanca y como alquimista; tenía una gran destreza física y sobresalía en los juegos de prestidigitación más complicados. Para el historiador andalusí Ibn Hayyan, que fue quien le llamó “Hakim Al Andalus”, fue uno de los sabios más importantes, pero de entre todas las actividades que abarcó a lo largo de su dilatada vida hubo una que le dominó y a la que le dedicó lo mejor de sí: la poesía

De las prácticas que más atrajeron la atención de Ibn Firnas se destaca la poesía y la astrología. Disciplinas que hoy se entienden alejadas entre sí, como pueden ser la poesía y la astrología, no lo estaban en ese momento histórico; por ello los príncipes gustaban de rodearse en sus cortes de un tropel de poetas-astrólogos, especialmente Abd Al Rahman II. Ibn Firnas inventó una fórmula para la fabricación del cristal obtenido de elementos minerales, que se puso en práctica en los hornos de Córdoba, y que revistió una innegable importancia para la industria del vidrio en Al Andalus. Utilizando sus conocimientos de astrología construyó, valiéndose de una técnica original, un reloj que regaló al emir; así mismo, representó en una estancia de su casa una simulación del cielo, en la que aparecían estrellas y nubes; todo ello acompañado de un ruidoso y deslumbrador aparato de trueno y relámpagos.

Aproximadamente entre 852 y 875, se propuso emular a Dédalo e Ícaro en su intento de volar. Para hacer posible este sueño una vez se lanzó desde una torre de Córdoba con una enorme lona para amortizar la caída. Por eso se considera generalmente que creó el primer paracaídas.

En otro intento se adaptó dos alas recubiertas de plumas y se lanzó al aire desde la Ruzzafa de Córdoba; logró permanecer largo rato en el aire y planeando recorrió alguna distancia, pero los problemas surgieron en el momento del aterrizaje, ya que no acertó a maniobrar adecuadamente y cayó con cierta violencia en el suelo. A aunque el aterrizaje fue malo (se fracturó las dos piernas), el vuelo fue globalmente un éxito, permaneció en el aire una decena de minutos. Fue ampliamente observado por una gran multitud que él mismo había invitado de antemano. Comprendió después su error: tendría que haber añadido una cola a su artefacto.

Vemos, pues, que se anticipa en el intento seiscientos años con respecto a Leonardo da Vinci que fue considerado como el primero en llevar a cabo esta hazaña. Por este intento, a Ibn Firnas como unos de los precursores de la aviación. No debieron quedarle muchas ganas de repetir el intento, recibiendo, además, críticas muy duras de sus colegas, principalmente de su acérrimo enemigo, Mumin Ibn Said, quien le dedicó una sátira en la que figuraba este verso:



¡Quiso aventajar al grifo en su vuelo,
y sólo llevaba en su cuerpo
las plumas de un buitre viejo!


Otra de las actividades en la que destacó Ibn Firnas fue en el campo de la música. Se le considera como el primer maestro andalusí en este arte y se cuenta de él que tenía un complejo dominio de la técnica musical y del canto.

En definitiva nos lo presentan las crónicas andalusíes como un hombre de espíritu despierto y agudo. Fue el primer erudito de Al Andalus que descifró el tratado de métrica árabe del famoso filósofo Jalil.

Murió hacia el año 887.

Hoy día un cráter de la Luna lleva su nombre. En Ronda, su ciudad natal, se ha inaugurado un centro astronómico que lleva su nombre. Además, en Córdoba, la ciudad que lo vio volar, está proyectada la construcción de un puente sobre el río Guadalquivir con su nombre, y en cuyo centro se encontrará la figura del pensador árabe Abbas Ibn Firnas, desde la que se erigirán dos alas, llegando hasta ambos extremos del puente. El ingeniero de la obra es José Luis Manzanares Japón.



(SUS POEMAS)

El ejército, lanzando gritos discordes, avanza compacto,
tragando los campos, engrosando por las tribus, en orden cerrado.
Cuando en él brillan las espadas, semejan relámpagos
que aparecen y se esconden entre nubes.
Las banderas en alto, al flamear,
parecen bajeles en un mar donde no es posible navegar a remo.
El molino de la guerra se pone en marcha, y su eje
es la inteligencia de un rey experto y virtuoso
que se llama Muhammad, como el sello de los Profetas,
y cuyo poder excede a toda descripción.

--------------------------------------------------------

Ha quedado Toledo despoblada,
a merced de las aves de rapiña.
Ha quedado sin gente, desguarnecida,
(silenciosa) como una tumba.
No ha querido Allah que subsista un puente
erigido para el paso de las tropas infieles.
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Re: Literatura Andalusí

Mensaje por Mardluna el Mar 01 Jun 2010, 18:58

Ibn Hazm también conocido como Ibn Hazm de Córdoba

(Córdoba, 7 de noviembre de 994 - Montíjar (Huelva), 15 de agosto de 1064), fue un filósofo, teólogo, historiador, narrador y poeta hispanoárabe.

Fue conocido en Europa por su gran obra histórico-crítica sobre las religiones y todavía más por su tratado amoroso juvenil El collar de la paloma, que nos ha revelado numerosos detalles de la vida social y espiritual de la época y cuya influencia fue importante en la literatura medieval de los reinos cristianos, especialmente en el desarrollo del tema lírico del «amor cortés».

Hijo de un dignatario de la corte califal de los Omeya, vivió en su juventud la agitación de las guerras civiles que en los primeros decenios del siglo XI derribaron la dinastía de los califas cordobeses. En el curso de aquellos años de perturbaciones, y en medio de las alternancias de la fortuna y la desventura (fue durante pocos meses visir de uno de los últimos efímeros Omeya, y antes y después prisionero y fugitivo), se formó su carácter áspero y batallador sobre un fondo de aguda pasión sentimental e intelectual distintivo de su obra científica y literaria.

A los veintiocho años compuso El collar de la paloma, en la fortaleza de Játiva y en un intervalo de la lucha política. Todo el resto de su vasta producción teológica, jurídica, histórica y polémica, en cambio, pertenece a los años de su errante destierro, período en el cual, proscrito de su ciudad natal por motivos políticos y religiosos (era ferviente partidario de una escuela jurídico-teológica heterodoxa, la zahirita, adversaria de la que predominaba en España, la malikita), vagó por las cortes de los príncipes musulmanes de la Península; conocemos su estancia en Almería, Talavera y Mallorca, y su retiro, en los últimos años, a un territorio de sus antepasados, Manta Lisham, cerca de la actual Casa Montija, donde murió.



Un juicio sobre la imponente personalidad humana y científica de Ibn Hazm no puede basarse exclusivamente en su librito juvenil acerca del amor, por más que ya en éste puedan vislumbrarse algunos aspectos de su carácter nada fácil. Elemento dominante es la pasión, ya en las relaciones afectivas de amistad y amor o en las ideas políticas, teológicas y jurídicas en cuyo favor libró sus más duras batallas. Poseedor de un agudo espíritu crítico, manifestado en su exposición polémica del cristianismo y del judaísmo, así como en la de las sectas heterodoxas musulmanas, mantuvo con tenacidad fanática las bases dogmáticas y metódicas de su escuela, con lo cual se atrajo profundos odios dentro del mismo Islam andaluz y condenó su obra de científico y escritor a una escasa fortuna.

Hasta los tiempos modernos, desaparecidos ya los motivos de aversión e impopularidad que perjudicaron su fama, este rudo temperamento de atleta medieval no se ha revelado en toda su grandeza. El valor de su importante tratado critico sobre las religiones, primero en su género de la Edad Media, ha sido justamente apreciado; además, se han publicado, y siguen apareciendo poco a poco. otras obras de nuestro autor sobre ética, historia y erudición, y se ha procurado hacer resaltar de una manera total, e incluso desproporcionada quizá, el bello y pequeño tratado erotológico al cual se debe en gran parte la actual celebridad de Ibn Hazm, o sea lo que bajo ciertos aspectos podríamos denominar la Vita Nuova de este gran pensador del Occidente musulmán, quien por algunos rasgos de su carácter y de su biografía, aun cuando no por su genio poético, nos recuerda la figura de Dante.

Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/



Inicio de "El collar de la Paloma"

Te consagro un amor puro y sin mácula:
en mis entrañas está visiblemente grabado y escrito tu cariño.
Si en mi espíritu hubiese otra cosa que tú,
la arrancaría y desgarraría con mis propias manos.
No quiero de ti otra cosa que amor;
fuera de él no pido nada.
Si lo consigo, la Tierra entera y la Humanidad
Serán para mi como motas de polvo y los habitantes del país, insectos


Algunos fragmentos de "El collar de la Paloma"

Oh esperanza mía! Me deleito en el tormento que por ti sufro.
Mientras viva, no me apartaré de ti.
Si alguien me dice: “Ya te olvidarás de su amor”,
No le contesto más que con la ene y la o.


Mis ojos no se paran sino donde estás tu.
Debes tener las propiedades que dicen del imán.
Los llevo adonde tú vas y conforme te mueves,
como en gramática el atributo sigue al nombre.


Cuando se trata de ella, me agrada la plática,
Y exhala para mi un exquisito olor de ámbar.
Si habla ella, no atiendo a los que están a mi lado
Y escucho sólo sus palabras placientes y graciosas.
Aunque estuviera con el Príncipe de los Creyentes,
No me desviaría de mi amada en atención a él.
Si me veo forzado a irme de su lado,
No paro de mirar atrás y camino como una bestia herida;
Pero, aunque mi cuerpo se distancie, mis ojos quedan fijos en ella,
Como los del náufrago que, desde las olas, contemplan la orilla.
Si pienso que estoy lejos de ella, siento que me ahogo
Como el que bosteza entre la polvareda y la solana.
Si tú me dices que es posible subir al cielo,
Digo que sí y que sé dónde está la escalera.


EL OLVIDO
Si antes me hubieran dicho:
“Olvidarás a quién amas”,
mil veces hubiera jurado:
“Eso no sucederá nunca”.
Pero ya que tras un largo desdén
fuerza es que venga el olvido,
bendito sea tu desdén,
pues que trabaja y se fatiga en curarme.
Ahora me maravillo del olvido,
como antes me maravillaba de la firmeza,
y veo ya tu amor como unas brasas
que arden, pero bajo la ceniza.
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Re: Literatura Andalusí

Mensaje por Damaduende el Vie 04 Jun 2010, 23:23

LA LITERATURA ANDALUSÍ


a) La poesía en lengua árabe en al-Ándalus
Características:
Antes del s. XI, los poetas son escasos, y su producción no difiere en nada de la del oriente musulmán, tanto en sus formas como en sus temas. Pero a partir del s. XI, los poetas son más numerosos, los talentos son a la vez poderosos y sugerentes y la producción relativamente original. En contraste con oriente, donde es el privilegio de las clases medias o superiores, la poesía culta, en al-Ándalus, es popular y objeto de un entusiasmo general. No sólo hay poetas entre los hombres cultivados, príncipes, ministros, filósofos, médicos, juristas y místicos, sino también entre los iletrados, los ciegos, los artistas, los campesinos, y también hay un número relativamente grande de poetisas. La emulación y competencia entre cortes rivales hizo de la poesía una ‘carrera precaria y ambulante’ y muy inestable, y los poetas, con frecuencia adoptados por mecenas que los alojaban y mantenían con pensiones, estaban sometidos a caprichos y rencillas. No todos eran visires, y los visires mismos no estaban al abrigo de celos, desgracias, prisión y exilio.
Los poetas cultos, en al-Ándalus, dieron cierta originalidad a su producción modificando un tanto ciertas formas poéticas e insistiendo con el mismo éxito en temas conocidos en oriente pero raramente desarrollados. Esas formas de poesía llevan el nombre de muwashsháha-s (nombre tomado de los collares de las mujeres); son bastante diversas; se componen de secuencias entrecortadas por refranes dispuestos de muchas maneras. Las leyes de las muwashshaha-s acabaron complicándose y ser codificadas, pero también se popularizaron en lengua coloquial, teniendo la buena fortuna de ser utilizadas por hombres de talento como Ibn Quzmân, poeta cínico muerto en 1100, y más tarde ash-Shushtari, místico muerto en 1268. Las muwashshaha-s se prestan fácilmente al canto y expresan sobre todo temas delicados o ligeros (el amor, los placeres, las descripciones de la naturaleza).
La descripción de la naturaleza ocupan un lugar destacado en la poesía andalusí, especialmente en las muwashshaha-s. Ya en oriente, este tema era muy del gusto de los poetas, pero los andalusíes sintieron predilección por él, y los jardines, las flores, los paisajes y las estaciones (sobre todo la primavera) serán retratados con maestría. Les gustaba personificar la naturaleza, hacerla hablar e instituyeron en la literatura árabe, por ejemplo, las querellas entre flores. Dieron un tono muy local a sus comparaciones, a sus imágenes y a los espectáculos que describían, dando así un sabor original a los temas que ya habían sido repetidos por los poetas orientales.
Los principales poetas:
En el siglo décimo, IBN HÂNÎ (muerto el año 972), un poeta de corte, si bien nacido en al-Ándalus, fue el panegirista de la dinastía de los fâtimíes de Egipto. Formó parte del grupo de los neo-clásicos de oriente y se le compara, no sin alguna exageración, con al-Mutanabbi, el poeta árabe por excelencia.
ABÛ ‘AMIR IBN SHUHÁID (muerto en 1034) fue el poeta de corte de los ‘âmiríes de Córdoba.
AL-MU‘TADID (muerto en 1042), ‘rey’ de Sevilla, de la pequeña pero brillante dinastía de los ‘abbâdíes, fue un príncipe enérgico y hábil. Fue también un poeta y un hombre de gusto.
AL-MU‘TAMID (muerto en 1091), hijo del precedente, menos afortunado que él en su reino pero indudablemente un gran poeta.
IBN ZAYDÛN (muerto en 1071) fue el ministro de varios príncipes. Se enamoró de la poetisa WALLÂDA, princesa omeya. Tuvo como rival a Ibn ‘Abdûs, ministro en Córdoba. Ibn Zaydûn compuso contra él poemas amenazantes y sobre todo un panfleto célebre titulado Risâla, que cubrió a su rival de ridículo y valió al autor la prisión y el exilio. Durante su cautividad y su alejamiento envió a su bien amada y a sus amigos excelentes poemas.
IBN ‘AMMÂR (muerto en 1126) fue igualmente ministro, en Sevilla. Su carácter poco noble le hizo ser celoso y cometer traiciones, especialmente hacia su ‘colega’ Ibn Zaydûn y hacia su príncipe. Acabó ejecutado. De su producción poética sólo se han conservado extractos que llevan la marca de un talento real.
IBN ‘ABDÛN (muerto en 1126), ministro del principado de Badajoz y más tarde bajo los almorávides, tiene la reputación de gran poeta a causa sobre todo de un poema titulado al-Bashshâma que tentó a los comentaristas y aún ahora suscita la admiración de los árabes.
IBN HAMDÎS (muerto en 1132), nacido en Sicilia, abandonó la isla con la llegada de los normandos y se refugió en la corte de Sevilla donde fue apreciado como poeta. Murió en Mallorca o en Bugía.
Pueden citarse también a otros célebres poetas, tales comO IBN HAFÂYA, IBN AL-LABBÂNA, IBN AL-HADDÂD,...
b) La prosa en lengua árabe en al-Ándalus
La prosa literaria:
La mayor parte de los poetas también fueron prosistas de mérito, sobre todo los poetas-ministros. Por ejemplo, ya hemos citado la Risâla de Ibn Zaydûn.
La obra literaria más célebre es al-‘Iqd al-farîd (El Collar Único) de IBN ‘ABD RABBIHI (muerto en 940), libro de ‘bellas letras’ y recopilación de textos cuyas principales subdivisiones llevan el nombre de piedras preciosas y cuyo contenido depende mucho de obras similares de Ibn Qutayba. Pero, y es lo más destacable, el al-‘Iqd al-Farîd sólo contiene citas tomadas de autores orientales, a parte de los versos o poemas del autor que él asegura preferir a los de cualquier otro.
Más tarde, tenemos recopilaciones ‘nacionales’. Una de las más importantes es la de IBN BASHQUWÂL (muerto en 1183). Su libro, titulado Kitâb as-Sila es un repertorio biográfico de los sabios de al-Ándalus. IBN AL-‘ABBÂR (muerto en 1260) le dio un suplemento bajo el título de Kitâb at-Tákmila li-Kitâb as-Sila.
AL-FATH IBN JÂQÂN (muerto en 1140), granadino, literato vagabundo, fue durante un tiempo secretario del gobierno de Granada y murió estrangulado en Marruecos. Su Qalâid al-‘Iqyân contiene biografías agrupadas en cuatro secciones (príncipes, visires, sabios y poetas, literatos) y acompañadas de citas. Su recopilación, escrita en estilo rimado, con preciosidad y afectación, es muy útil para conocer en extensión la amplísima literatura de al-Ándalus.
IBN BASSÂM (muerto en 1147) fue verdaderamente en su Dajîra el historiador de la poesía en lengua árabe producida en al-Ándalus en el siglo XI.
ABÛ ‘ÂMIR IBN SHUHÁID (muerto en 1034), poeta de la corte de Córdoba, además escribió una Epístola muy original en su espíritu y en su método. Se trata de la Risâlat at-Tawâbi‘ wa z-Zawâbi‘ de la que tenemos citas en la Dajîra de Ibn Bassâm. Consiste en el relato de una ‘visita’ del autor a las regiones habitadas por los ‘ÿinn’ o ‘genios’ inspiradores de los poetas y los escritores, conducido por uno de esos genios. El autor imagina diálogos y discusiones con ellos. Tiene así la ocasión de criticar a los grandes autores desde un punto de vista literario y de una manera humorística y, a veces, burlesca. Reconoce el valor de algunos (Imru l_Qáis, Abû Nuwâs) mientras que a otros los cubre de confusión (al-Búhturi, Badî‘ az-Zamân al-Hamadâni). Ibn Shuháid despliega un sentido crítico interesante y parece a veces un buen psicólogo; insiste especialmente en las relaciones entre el cuerpo y el alma en la actividad literaria. No es inverosímil que, según la hipótesis de Pérès, esta obra curiosa haya sido concebida bajo las influencias de la lejana Bizancio, y que, según las suposiciones de Zaki Mubârak, haya contribuido a sugerir a Abû l-A‘là al-Ma‘arri la fantasía que introduce a su obra Risâlat al-Gufrân.
La filología:
Varios nombres se distinguieron en esta rama del saber. AL-QÂLI (muerto en 967), nacido en Armenia y discípulo de los maestros de Bagdad, fijó su residencia en al-Ándalus donde escribió, o, mejor dicho, ‘dictó’, los Amâlî, estudios lexicográficos sobre temas variados (Corán, leyendas,...), acompañados de citas poéticas.
IBN SÎDA (muerto en 1065), ciego, dejó obras filológicas destacables por su espíritu científico y la atención prestada a la lógica, especialmente un diccionario analógico (al-Mujássas) y un diccionario alfabético que recuerda el de al-Jalîl.
En este apartado podrían citarse a otros autores como ASH-SHANTAMARI (muerto en 1083), IBN JARÛF (muerto en 1213), ASH-SHARÎSHI (muerto en 1222).
La historia:
AR-RÂZI (muerto en 955) continuó las tradiciones de su padre y se interesó en la historia de al-Ándalus sobre la que escribió varias monografías. Se le llamaba at-Tarîji, el cronista. Su hijo ‘Isà continuó su obra.
IBN AL-QÛTIYA (muerto en 977), descendiente de un princesa goda, fue qâdî y director de la policía en Córdoba y dejó obras de filología y una historia de los comienzos de al-Ándalus; también se le atribuyen poemas.
También hay que nombrar a IBN HAYYÂN (muerto en 1073), AL-BÂYI (muerto en 1174), IBN AL-‘IDZÂRI (siglo XIII) autor de al-Bayân al-Mugrib, conservado incompleto, trata de la historia de al-Ándalus y África del Norte y contiene fragmentos de obras actualmente perdidas.
La geografía:
Hay varios grandes nombres y obras originales. Para empezar, AL-BAKRI (muerto en 1094), quien se trasladó de niño a Córdoba desde el sudoeste de al-Ándalus. Fue el favorito en la corte de un príncipe de Almería, pero no abandonó sus estudios. Compuso obras de filología bastante mediocres, sin embargo, destacó como geógrafo. Fue el autor de dos obras destacables: el Mu‘ÿam mâ stá‘ÿam sobre los nombres de lugares contenidos en la poesía antigua, en las viejas crónicas y en las recopilaciones de tradiciones; el segundo de sus libros es el Kitâb al-Masâlik wa l-mamâlik, que es una descripción del universo conocido en el siglo XI, del que nos quedan fragmentos, especialmente la parte relativa al Norte de África y al Sudán. La presentación es muy minuciosa y el estilo muy seco.
AL-IDRÎSI (muerto en 1166), nacido en Ceuta, se trasladó muy joven a Córdoba para hacer estudios y emprendió largos viajes que lo llevaron a Francia por un lado y a Asia Menor por otro. Más tarde se presentó ante Roger II de Sicilia “que había hecho de su corte en Palermo un centro de estudios muy brillante”. “A demanda de ese príncipe, al-Idrîsi hizo construir un planisferio en plata”. Y “para ilustrar ese trabajo se puso a redactar, con la ayuda de sus propias observaciones personales y las de otros viajeros, una vasta obra de geografía”, titulada Nuçhat al-Mushtâq, más conocida bajo el nombre de Kitâ Ruÿar (El libro de Roger). Para Guillermo I compuso también, sucesivamente, un resumen de esa obra titulado Rawd al-Uns, conservada también bajo otra forma abreviada.
IBN ŶUBÁIR (muerto en 1217), nacido en Valencia, hizo tres veces la peregrinación a Meca. Murió en Alejandría donde aceptó dedicarse a la enseñanza. Inauguró un género literario nuevo con una obra maestra que no fue igualada. En efecto, escribió la relación de su primer viaje bajo el nombre de Rihla, que es el diario de viaje de un hombre inteligente, observador y espiritual, y que, además, maneja una lengua variada, a veces seca y difusa, con frecuencia colorista y pintoresca. Otros escritores compusieron Rihlas después de Ibn Ŷubáir, sin llegar a guardar el mismo sentido del equilibrio, la misma limitación a lo esencial y el mismo gusto artístico.
Las ciencias:
AZ-ZAHRAWI (Abû l-Qâsim, conocido en Europa como Abulcasis, muerto en 1013) fue un célebre cirujano de Córdoba.
IBN AL-BAITÂR (muero en Damasco en 1248), originario de Málaga, viajó mucho interesándose en la flora y adquirió la reputación de ser ‘el más grande botánico’ de su tiempo. Escribió dos obras relativas a los remedios simples y a los remedios clasificados según los órganos enfermos a los que servían.
La filosofía:
La filosofía griega, importada de oriente, fue cultivada con entusiasmo en al-Ándalus.
IBN BÂŶA (muerto en 1138) fue originario de Zaragoza en la que fue durante un tiempo visir. Murió en Fez, envenenado, según se cuenta, bajo la instigación de sus enemigos, quienes lo acusaron de impío. Como filósofo, escribió comentarios a Aristóteles y tratados personales. También se interesó por las ciencias naturales, las matemáticas y la medicina. En Europa se le conoce con el nombre de Avempace.
IBN TUFÁIL (muerto en 1185) nació en Guadix, enseñó medicina en Granada, cumplió las funciones de secretario de varios príncipes y acabó como médico en la corte almohade. Presentó a Averroes que lo reemplazó como médico. Murió en Marrakech. Su renombre lo debe sobre todo a su novela filosófica Hayy Ibn Yaqzân (El Viviente, Hijo del Despierto), en la que presenta el mito de hombre que, abandonado niño en una isla desierta, descubre ahí por especulación todo el sistema neoplatónico de la iluminación tal como pasó al peripatetismo musulmán.
IBN RUSHD (Averroes, muerto en 1198), nacido en Córdoba, hizo sólidos estudios filosóficos y científicos, cumplió varias veces la función de qâdi, reemplazó a Ibn Tufáil como médico de la corte almohade, tuvo que defender sus opiniones filosóficas y murió en Marrakech. Redactó un gran número de escritos sobre medicina, astronomía y filosofía. Es célebre como comentarista de Aristóteles, como apologista de la filosofía contra al-Gazâli y como responsable de varias concepciones filosóficas (especialmente la relación de la razón y la fe y sobre la unidad del Intelecto Agente) que agitaron considerablemente el occidente cristiano.
Ciencias islámicas:
Las ciencias islámicas (exégesis coránica, crítica del hadiz, derecho, mística,...) fueron ampliamente estudiadas en al-Ándalus, que dio una gran cantidad de grandes expertos de renombre en la historia del Islam. Nos referiremos aquí a sólo dos de ellos.
IBN HAZM (muerto en 1064), nacido en Córdoba, estuvo implicado en los acontecimientos y disturbios de los últimos años de la dinastía omeya de al-Ándalus. Durante un tiempo, fue visir, conoció los combates, el exilio y la prisión y acabó por consagrarse a una vida de estudios. Insatisfecho con las cuatro escuelas de derecho musulmán reconocidas, se adhirió a una quinta (el zâhirismo) de la que fue el máximo representante. Fue un polemista poderoso y tenaz que combatió con energía los principios de las otras escuelas y se aplicó en sus obras de exégesis y pensamiento a un criterio rigurosamente literalista (el análisis del sentido exterior inmediato de los textos fundacionales del Islam). Compuso una magistral obra de polémica en la que repasa todas las religiones y escuelas conocidas en su tiempo: al-Mílal wa n-Níhal. En su libro, Ibn Hazm dirige críticas mordaces a los grandes maestros, a la vez que no desdeña en hacerles justicia en lo que considera aportaciones importantes. También examina en dicho libro los textos judíos y cristianos y revela sus contradicciones, absurdos, falsificaciones e inmoralidades. Pero este polemista implacable fue también un poeta agradable, de fina psicología y hombre de gusto, en su Táwq al-hamâma, El Collar de la Paloma, antología relativa al amor que fue escrita en los comienzos de la carrera literaria del autor.
IBN SAB‘ÎN (muerto en 1270), nació en Murcia, residió por un tiempo en Ceuta y murió en Meca (suicidado, según algunos). En Ceuta escribió sus Aÿwiba o Respuestas yemeníes a las cuestiones sicilianas, en contestación a las preguntas que le propuso el Emperador Federico II. Escribió otras obras aún poco conocidas, tales como Budd al-‘Ârif, Asrâr al-Hikma, Du‘â Harf al-Qâf,... Los orientalistas lo han considerado como “filósofo andaluz, aristotélico, sagaz, de espíritu amargo y atormentado, que construyó una crítica psicológica de la historia de la filosofía musulmana; su doctrina es mística próxima al panteísmo”. Ibn Sab‘în fundó una escuela mística que lleva su nombre: la sab‘înía.
Los nasríes de Granada
El éxito de la conquista cristiana redujo al-Ándalus al reino de Granada en el que la dinastía de los nasríes (los príncipes de la Alhambra) hicieron revivir en más pequeño pero de forma brillante, los antiguos tiempos de esplendor. Al periodo nasrí de la historia de al-Ándalus pertenecen un gran número de una gran cantidad de poetas y literatos, historiadores y pensadores, la mayor parte de los cuales están por estudiar. Sólo retendremos aquí el nombre de uno de ellos, quizás el más importante: LISÂN AD-DÎN IBN AL-JATÎB (muerto en 1374). Fue un político de primer orden. Ocupó durante un tiempo el cargo de visir en Granada, pero su vida se vio atravesada por muchas tribulaciones: celos, prisión, acusaciones, exilio. Murió estrangulado en su prisión, ante una gran indignación del pueblo cuando se supo al día siguiente. Se le atribuyen unos sesenta escritos sobre bellas letras, filosofía, mística, historia, medicina, de los que sólo una parte ha sido conservada. Fue seguramente el último autor de muwashshaha-s en al-Ándalus, y su prosa, si bien rimada y decorada, era con frecuencia natural y elegante.
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Re: Literatura Andalusí

Mensaje por Damaduende el Sáb 10 Jul 2010, 22:04


LENGUA Y LITERATURA ARABE DE AL-ANDALUS (III)



Temas generales inspirados en la Naturaleza



Los poetas andalusíes, obligados a desplazarse frecuentemente por las necesidades de su condición, debieron de tener ocasión de contemplar todo tipo de entornos y paisajes, de modo que dejaron transparentar en sus versos algo del concepto que se habían formado sobre el medio en el que vivían. Así, a partir del siglo XI, se manifiestan en al-Andalus modos de sentir y comprender que son propios de los habitantes de esta tierra y que los alejan de los musulmanes árabes orientales a los que, hasta entonces, los andalusíes habían rendido una especie de “vasallaje artístico”. Algunos temas iniciados en el oriente musulmán van a tomar en al-Andalus un desarrollo que parecerá invadir toda la producción poética. La poesía que incorpora elementos de la naturaleza –inerte o viva–, como ciudades, palacios y lugares placenteros, valles y montañas, jardines y vergeles, aguas mansas y torrentes, o el mar y los barcos, podría ser considerada, dada su gran producción e importancia, como esencialmente andalusí. Por el contrario, otros temas que pertenecen al fondo común de la literatura árabe no tienen en al-Andalus más que un lugar accesorio. Son los dedicados a describir los fenómenos atmosféricos, los cuerpos celestes o los animales, tanto salvajes como domésticos. Sin embargo, cabe destacar que a estos últimos temas –ya muy repetidos en oriente y convencionales por su antigüedad, su frecuencia y su expresión estereotipada– el poeta andalusí sabrá insuflarles vida nueva con una interpretación más antropomórfica de la naturaleza. Este color local es el que confiere a la literatura hispano-musulmana, y a la poesía en particular, un toque de imaginación que tiñe incluso aquellos temas que pasan por ser convencionales y que, a partir del siglo XI, la distinguen definitivamente de la oriental.

Los críticos y literatos han atribuido este tratamiento literario de la naturaleza tan marcadamente andalusí a la excepcional fertilidad del suelo andaluz. No obstante, pensamos que esta apreciación resulta un tanto apresurada, dado que al-Andalus venía a designar la totalidad de la Península Ibérica bajo dominio musulmán[1], con toda su gran variedad de climas y paisajes. Demasiado a menudo se han identificado los verdes campos y los fértiles vergeles descritos en la literatura andalusí con las tierras andaluzas o, a lo más, con la región de Levante o del Algarbe portugués.

Sea como fuere, al-Andalus fue considerada tanto por musulmanes orientales como occidentales como un lugar privilegiado. Dice Abu ‘Ubayd al-Bakri, literato andalusí del siglo XI: “al-Andalus es como Siria por lo ameno de su clima y la pureza de su aire, como el Yemen por su temperatura moderada y constante, como la India por sus perfumes penetrantes, como el Ahwaz por la importancia de sus rentas, como la China por sus piedras preciosas, como Adén por los productos útiles de su litoral.” La visión que los poetas tienen de al-Andalus no difiere en absoluto. Así, dice un anónimo:


¡Qué país tan admirable es este al-Andalus que no cesa de procurarme toda clase de alegrías!
No hay más que pájaros gorjeadores, frescas sombras espesas, aguas rutilantes y palacios!

La admiración más entusiasta fue expresada por Ibn Jafaya, el poeta de Alcira, en estos términos:

¡Oh, habitantes de al-Andalus, qué felicidad la vuestra al tener aguas, sombras, ríos y árboles!
El Jardín[2] de la Felicidad Eterna no está fuera sino en vuestro territorio; si me fuera dado elegir, es este lugar el que escogería.
No creáis que mañana entraréis en el infierno: ¡no se entra después del Paraíso en el averno! [...]
El Paraíso, en al-Andalus, tiene una belleza que se muestra como una desposada y el soplo de la brisa está deliciosamente perfumado.
En efecto, el resplandor de sus soleadas mañanas viene de una boca con hermosa dentadura y la negrura de sus noches del rojo profundo de los labios.
Cada vez que la brisa sopla como un viento del Este, me digo: “¡Ah, qué violenta pasión siento por al-Andalus!”




No será la única vez que veamos a un andalusí calificar a su patria de “el Paraíso de la tierra”. En sus panegíricos, los poetas andalusíes compararon a veces la ciudad donde fueron recibidos y que más tarde tuvieron que abandonar, con el paraíso del que Adán fue expulsado. Así, el poeta al Nahli, expulsado por al-Mu’tasim de Almería, dirá:



[...] no hay persona en el mundo que me pueda hacer feliz.
Almería era un paraíso, pero he cometido una falta tan grave como Adán.



Los poetas andalusíes del siglo XI mostraron su amor hacia al-Andalus considerándola como un territorio netamente distinto al resto del mundo musulmán y describiendo los lugares en los que vivieron durante su juventud o durante su vida errante de hombres adultos. Sus versos nos permiten ilustrar cada una de las ciudades andalusíes y nos trazan un vívido retrato de las moradas señoriales, los lugares de recreo y los palacios y castillos de la época, aunque en vano buscaremos en sus composiciones cuadros realistas que abarquen el conjunto completo de una ciudad, con su cinturón de barrios populares y, a veces, todo hay que decirlo, con su miseria. Unas veces obligados por su servidumbre a los gobernantes, mecenas de su producción artística, y en otras haciendo gala de esa imaginación tan característica de la que ya hemos hablado; el caso es que los poetas andalusíes raramente mostraran el lado más amargo de la vida en las ciudades.

Las grandes ciudades costeras o atravesadas por algún río importante son comparadas habitualmente con una novia engalanada para una boda. Cuando se encontraba en Córdoba, a orillas del río Guadalquivir, Ibn Hisn dirá de Sevilla:


¡Me acuerdo de ti con tal pasión que sería capaz de hacer morir al celoso, preocupado sin descaso de atormentar a los enamorados!
Te pareces, cuando el sol está en el ocaso, a una novia esculpida en la belleza.
El río es tu collar, la montaña tu diadema que el cielo corona como un jacinto.

Los andalusíes fueron, en general, amantes de las grandes construcciones, y así lo reflejaron en su literatura. Ash-Sharqundi en el siglo XII, dirá con respecto a Sevilla: “los burgos de ash-Sharaf superan a todos los demás por la feliz elección de las casas y por el cuidado que los habitantes dedican tanto a su interior como a su exterior, de suerte que bajo el blanco encalado parecen estrellas en un cielo de olivares.” Incluso al Califa Abderrahman al-Nasir, constructor de Medina Zahara (Medinat az-Zahra) y responsable de una de las más importantes ampliaciones de la mezquita de Córdoba, se le atribuye el siguiente dístico:


Cuando los reyes quieren perpetuar para la posteridad el recuerdo de sus más bellos pensamientos, lo hacen por medio del lenguaje de las bellas construcciones.
Un edificio, cuando es de grandes proporciones, indica la majestad del rango del constructor[3].

Fue Córdoba, capital del califato Omeya en occidente, la que mereció más elogios por parte de los poetas andalusíes. Cuando Sevilla era todavía una ciudad de segundo orden, Córdoba ya había difundido los destellos de su fama hasta Europa Central, de modo que una religiosa sajona del siglo X llamada Roswitha, decía a propósito de esta ciudad: “Joya brillante del mundo, ciudad nueva y magnífica, orgullosa por su fuerza, celebrada por sus delicias, resplandeciente por la plena posesión de todos los bienes.” Y un poeta anónimo la celebraba de este modo:


Por cuatro cosas supera Córdoba a las demás metrópolis: por el puente sobre el Guadalquivir y
por su gran mezquita.
He aquí las dos primeras; por el palacio de az-Zahra, la tercera; por la ciencia, la cosa más considerable, la cuarta.






La mujer y el amor

En los temas de la naturaleza a los que se hace referencia dentro de la literatura andalusí, la mujer aparece habitualmente asociada a la hermosura del paisaje de al-Andalus, de modo que la belleza de los jardines, las corrientes de agua, las flores o las piedras se comparaba con la boca, la mejilla o los ojos de la mujer amada. Incluso los colores, sobre todo el rojo y el amarillo, simbolizan diversos aspectos de ese amor. Así, el amarillo representa la inquietud, el enamorado pálido que se consume en la duda; mientras que el rojo es el pudor, la virgen coqueta que se complace en torturar a su enamorado.

En esta sociedad en la que el Islam impuso ciertas normas y estableció ciertas conductas, la mujer jugó un papel de primer orden. Raros son los andalusíes que consideraban a la mujer como un ser inferior y que puedan decir con Ibn al-Haddad:


Rompe el pacto que te liga a ella, como ella lo ha roto, para ser equitativo, y concede al amor que ella te ha inspirado olvido y consuelo amando a otra mujer; pues las muchachas de cuello de cisne son como los jardines, física y moralmente: un transeúnte corta una flor; otro, después de él, cortará una segunda[4].




Menos raros son los que censuran, al menos en verso, la libertad de la que disponen las mujeres y piden para ellas un estilo de vida más pudoroso y recatado. Uno de éstos fue Abu Abdellah Ibn Musadif de Ronda, que desearía que las mujeres salieran menos a menudo:


Impide a tus mujeres legítimas salir, y cuando lo hagan no muestres un rostro sereno.
No prestes atención a la que, de entre ellas, se encolerice. Esta cólera es una prueba de que conseguirás tus fines.
¡Eh!, ¿no son como las perlas por la apariencia? Las perlas salen del nácar para ser puestas en un estuche.




Y no es de extrañar esta preocupación de algunos “guardianes de la moral”, dado que las mujeres ejercían incluso como expertas amazonas[5]. Un verso de Abu-l-Fadl Ibn Sharaf nos lo viene a confirmar cuando habla de un antiguo amor:


Ha montado a horcajadas uno de sus corceles de rápida carrera
que se deja conducir por ella como una tímida gacela.




Esta libertad de la que disfrutaba la mujer andalusí nos permite comprender mejor la abundancia de poemas compuestos en su honor. Muchos de ellos, cargados de sensualidad, estaban dedicados a cantantes o músicas que provocaban la pasión de los poetas. Lugar importante se concede a los atributos físicos de la gacela, el antílope y la vaca salvaje, así como a las características físicas de las dunas y los arbustos. Incluso se impusieron diversas modas femeninas a lo largo de la época andalusí: si el ideal clásico fue la morena de larga y hermosa cabellera, el siglo XI sintió un gran entusiasmo por las rubias y los cabellos cortos.

No obstante, encontramos fragmentos no menos numerosos en los que se observa un verdadero culto a la mujer, donde no sólo se ensalzaba la belleza física sino las cualidades morales del género femenino. Son de destacar las descripciones de escenas en las que el amante va al encuentro de su amada, ya sea de noche o de día, en un entorno natural o en el secreto de una alcoba. La sensualidad superficial se alterna con una elevada lírica que demuestra que el espíritu del poeta andalusí iba más allá de la simple materia, como reflejo de una sociedad que nos proporciona una de las páginas más brillantes de nuestra historia.

Como muestra, un par de ejemplos que ilustran todo lo expuesto. Así se expresa Ibn al-Bayn al-Batalyawsi acerca de la belleza femenina:


Ellos han tomado la aurora para fragmentarla en mejillas; han tomado las ramas de arak[6] para hacer talles.
Han juzgado que los grandes jacintos eran indignos de sus cuellos, por ello les han dado estrellas brillantes por collares.
Han depositado las pupilas de las vacas salvajes en sus párpados, y con esas pupilas ellas han capturado a los intrépidos leones valerosos.
A los hombres no les ha bastado con portar aceros [de las lanzas] y hojas [de los sables]; han llamado en su ayuda a los ojos y los senos [de las mujeres hermosas].
Han llamado en su ayuda a las trenzas [de sus cabellos], y así nos han hecho saber que la luz del día podía estar unida a [la negrura] de la noche.
Ellos han trabajado [como orfebres] las bocas [de sus mujeres] valiéndose de margaritas; en esas bocas es donde se encontraría el agua de la vida si uno pudiera abrevar en ella por la mañana.




Y al-Mu’tamid condensa el arquetipo de la belleza femenina, a través de unos versos dedicados a su amada Umm ‘Ubayda:


Es antílope por el cuello, gacela por los ojos, jardín de colinas por el perfume y arbusto de suelo arenoso por el talle.



Manuscritos andalusíes en la Biblioteca Nacional del Reino de Marruecos






















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Re: Literatura Andalusí

Mensaje por Damaduende el Mar 03 Ago 2010, 23:23

Abulbeca De Ronda



ABU AL BAQA SALAH AL RONDI también conocido por ABULBECA DE RONDA, nació en Ronda, (Málaga) en el siglo XII Es famoso por su Qasidah, en la que, con motivo de la caída de las ciudades andaluzas de Córdoba y Sevilla en poder del ejército invasor de Fernando III, profetizaba en bellos versos el cercano derrumbamiento de la soberania Andalusí

SUS POEMAS


Cuanto sube hasta la cima
desciende pronto abatido
a lo profundo.
¡Ay de aquél que en algo estima
el bien caduco mentido
de este mundo!
En todo terreno ser
sólo permanece y dura
el mudar.
Lo que hoy es dicha o placer
será mañana amargura
y pesar.
Es la vida transitoria
un caminar sin reposo
al olvido;
plazo breve a toda gloria
tiene el tiempo presuroso
concedido.
¿Qué es de Valencia y sus huertos?
¿Y Murcia y Játiva hermosas?
¿Y Jaén?
¿Qué es de Córdoba en el día,
donde las ciencias hallaban
noble asiento,
do las artes a porfía
por su gloria se afanaban?
¿Y Sevilla? ¿Y la ribera


que el Betis fecundo baña
tan florida?





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Re: Literatura Andalusí

Mensaje por Damaduende el Mar 03 Ago 2010, 23:49

PATIOS TÍPICO CORDOBESES




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Re: Literatura Andalusí

Mensaje por Damaduende el Sáb 11 Sep 2010, 18:28

LA MÚSICA ANDALUSÍ


Música Andalusí "Núba al-Máya"





Abu Bakr Muhammad ibn Yahya ibn al-Sa'ig ibh Bayyah
Ibn Báya (Avempace),
(Zaragoza, 1070 / Fez, 1138), destacó como filósofo. Escribió asimismo tratados de botánica, medicina, física, astronomía y poesia.
También fue reconocido en vida como un gran músico.
La música Andalusí con las Núbas alcanzó su plenitud en la época de los reinos de Taifas, siglos XI y XII. El músico Ibn Báya, con la creación en Zaragoza de una escuela de música, legó una multitud de melodías que se hicieron célebres. Tal vez sean de su creación muchas de las melodías anónimas de las Núbas, la mayoría de las que nos han llegado por la tradición oral.
Esta edad de oro de las artes en Al-Andalus tuvo su final con la caída de Córdoba (1231) a manos del rey de Castilla y León, iniciando la dispersión de las Núbas por todo el norte de África. Tras un nuevo florecimiento en la corte nazarí de Granada, 1492 marca la parada de la creación musical en Al-Andalus, dando lugar a las diferentes escuelas de música andalusí en el Magreb. La tradición habla de 24 Núbas, una para cada hora del día.
Mízán Bsír
1.- Bugya
2.- Twíshya
3.- San'a, Yá Amlaha n-Nás
(Oh Gentil hermosura)
4.- San'a, Yá Ashiyya Dhakkarta-ní Shawqí
(Oh tarde me has traído el recuerdo)
5.- San'a, 'Ashiyyarun Ka-annahá
6.- San'a, Shamsu L-'asíl
(El sol del atardecer)
3.- OH GENTIL HERMOSURA
¡Oh gentil hermosura, aquella que mi mente prendió en su prisión!
¡Oh tallo que provoca la desesperación, oh brisa perfumada con la fragancia del jayli!
El almíbar de tus mejillas dejó como herencia en mí la turbación.
Por Dios te pido: ¡no rechaces a aquel que cayó ansioso por una que otra pasión!
¡Amor mío, lo que sucedió ni siquiera nada fue, pues de ello muy arrepentido estoy!
4.- OH TARDE, ME HAS TRAÍDO EL RECUERDO
¡Oh tarde, me has traído el recuerdo de mi inclinación y, por si fuera poco, también la memoria de un tiempo en que, por cosas del querer, se sufrió la consunción!
El sol, en su esplendor, ha henchido el horizonte y moviéndose inmóvil se desplaza, trazando camino hacia una indolente posición.
¡Copero, sé generoso, y escancia para nosotros un poco más de licor sin parar mientes en lo que pueda decir algún que otro censor!
¡Contempla cómo va tornándose en amarillo la luz del sol y cómo, despacio, hacia su crepúsculo avanza en suave prosternación!
6.- EL SOL DEL ATARDECER
El sol del atardecer expresa con su belleza la que puede tener el oro en su color y, cuando se inclina al marcharse, mi corazón se deshace en lágimas que expresan pesadumbre y dolor.
¡Oh Señor, concédeme el perdón!
Del anhelo que me posee siento mis fuerzas flaquear. El hiato que entre mí y mi amor separa no es otra cosa que frialdad y la razón se halla en el hecho de que lo mismo fuera que si escondido estuviera, pues escondido está.
Todas mis ilusiones puestas en su encuentro han quedado ya.
¡Ojalá me perdonase y demostrase así su sincera lealtad!
En el encuentro, el ánimo vuelve al que fue marchito corazón, aquel que una vez enfermo estuvo por hallarse perdido por el amor.
Cada vez que se esconde el sol, se agravan las dolencias que hacen mella en el interior, y mi corazón se deshace en lágimas que expresan pesadumbre y dolor.
¡Oh Señor, concédeme el perdón!



LAS JARCHAS








Las jarchas (kharjas), son los versos finales de algunos poemas de la España musulmana en Arabe clásico, Hispano-Arabe coloquial, Romance, o una mezcla de Arabe y Romance. Durante la Edad Media. dos nuevas formas de poesía, el muwassah y el zajal (zéjel) se desarrollaron en la literatura árabe. El nuevo elemento en estas formas de poesía es la introducción de la estrofa (la poesía clásica árabe se basa exclusivamente en líneas monorrimas, (excepto en la urjuza y muzdawija). Estos tipos de poemas alcanzaron su apogeo entre los siglos XI y XIII, no sólo en Al-Andalus (la España musulmana), sinó también en otros lugares del mundo arábigo. Poetas hispano-hebreos imitaron sus ejemplos árabes y es importante en estudios de la lengua Romance el echo de que poemas estróficos análogos sean econtrandos en todas las regiones en donde las lenguas romances se hablaban.

El muwassah fur escrito en Arabe clásico o en Hebreo, excepto las lineas finales, llamadas kharja (jarcha), cuyo significado viene a ser "salida", o las líneas mímicas concluyentes*. Como contraste, el zajal (zéjel) está mayormente escrito en uno de los dialectos hispano-árabes. El zajal es básicamente monolingüe; la mayoría de los muwassahat es de facto bilingüel o diglósico. La kharja es generalmente una acotación o semi-acotación de un poema o canción y contrasta con el cuerpo del muwassah a varios niveles. Las kharjas en lengua Romance fueron descifradas y parcialmente interpretadas en 1948 por el orientalista Samuel Miklos Stern (Stern 1948) y son material de importancia para las literaturas en Romance a causa de su clara antigüedad (la más antigua se remonta al año 1040).

A.- Descripción del género

La poesía estrófica hispano-árabe no se aguanta por sí misma. En todas las áreas de las lenguas Romances encontramos poesía estrófica de estructura análoga. En Italia encontramos la lauda y ballata, en Provenza y norte de Francia la cançó, virolai y el rondeau y los tardíos rondellus latinos; y en la Península Ibérica las cantigas galaico-portuguesas y las canciones castellanas, deçires, villancicos, estrambotes y serranillas. En este estudio intentaré analizar las similitudes y diferencias entre la poesía estrófica antigua en lengua Romance y la Hispano-Arabe.

B- Versificación y caracterísiticas prosódicas.

La kharja generalmente no excede el límite de dos, tres o cuatro líneas o hemistiquios, tristiquios, etc. De acuerdo a la poética del muwassah, la kharja romance debe rimar con otras líneas escritas en Arabe o Hebreo. Las normas árabes y hebreas en cuanto a la rima son diferentes del sistema romance. El sistema de prosodia árabe está basado en cantidad y el sistema romance en acento silábico. Una de las preguntas que merecen respuesta es cómo el poeta resolvió tal problema. Aquí, también, intentaré ofrecer una respuesta a esta cuestión acerca del sistema que regía dichas kharjas,en Arabe o en Romance. Si dicha cuestión no puede obtener respuesta, podríamos entonces determinar las kharjas como una forma de poesía "en el cruce de dos sistemas literarios".

c- Interpretación temática.

Con esta cuestión quiero discutir la interpretación de las kharjas en detalle enfocando especialmente las características temáticas. Aquí tambien, las kharjas pueden bien situarse en las tradiciones Arabes y Romances, o "en el cruce de estas dos tradiciones líricas". Como se ha dicho, el muwassah fue escrito en Arabe clásico o en Hebreo. Los temas y metáforas en esta parte del poema pueden relacionarse fácilmente con la convención literaria de Oriente. La kharja está opuesta al resto del poema. Generalmente las kharjas de las series en Romance son cantadas por una mujer, introducidas por el (hombre) poeta en la linea que precede a la kharja. Esta es una característica menos común en las kharjas escritas en Arabe coloquial. De acuerdo a muchos estudios, las kharjas comparten más características temáticas con la tradición romance en general y con la galaico-portuguesa en particular que con la tradición árabe, lo cual será discutido en este estudio.


En este video, “Al-Andalus sentido”, podemos conocer cómo un género culto, la moaxaja iba unido a la kharja, por medio de la cual la mujer se expresaba en una forma de lamento.








MEDIDAS A TOMAR DURANTE EPIDEMIAS EN AL- ANDALUZ




La novedad de la medicina andaluza residía en la conducta a adoptar en tiempo de epidemia. Los autores cristianos de España, Italia y Francia atribuian la violencia de la gran peste a una causa astrológica: la conjunción de tres planetas sería la causa de una corrupción de la atomósfera debida a la putrefacción. En opinión de Ibn-al-Jaţīb, esta causa astrológica no debía preocupar al médico. Los médicos naşríes hicieron caso omiso del prejuicio teológico árabe que consideraba la peste como un castigo divino. Entre las medidas profilácticas susceptibles de atajar la epidemia de peste se recurrió, como en tiempos pasados, a las fumigaciones para sanear la atmósfera. Se consideraba que los vapores medicamentosos, de incienso y mirra, eran especialmente beneficiosos para mujeres y ancianos. En otro tipo de fumigaciones se utilizaban las esencia de rosas, el sándalo, el tamariz, el alcanfor, la madera de áloe. Era conveniente que en las casas predominaran aromas tales como el de mirto, hojas de caña de azucar verdes, mezcladas con agua y vinagre. Ibn Jātima aconsejaba a sus conciudadanos de Almería que se frotaran la cara con esencias a base de limón, rosas y violetas.

Si bien tuvieron en cuenta el aspecto clínico de la enfermedad, los médicos del reino de Granada se anticiparon a sus colegas de Europa occidental al señalar la importancia del aislamiento y los peligros de la contaminación por contacto, cuya existencia había sido establecida por la experiencia. Ibn Jātima e Ibn al-Jaţīb dieron una serie de consejos a personas que habían vivido en localidades afectadas por la peste para que se inmunizaran contra la enfermedad. Ibn al-Jaţīb denunció enérgicamente la propagación del contagio a través de los vestidos, los utensilios e incluso los pendientes. Muḥammad al-Šaqūrī ordenó que se lavaran con agua fría los vestidos contaminados por el contacto de un enfermo y prohibió que se frecuentaran los baños públicos durante los períodos de epidemia. Los tres recomendaron la adopción de una serie de medidas para proteger las bebidas de contaminaciones exteriores, y dieron muestras de una innegable perspicacia, denotando un claro progreso tanto en la teoría como en la práctica de sus predecesores.




EL CORREO









No tenemos mucha información acerca de los personajes que estuvieron al frente del servicio de correos (barid). No parece que el superintendente de correos desempeñara en la España musulmana un papel comparable al del alto funcionario que, en el Oriente musulmán, controlaba a los agentes provinciales y tenia gran influencia. Este cargo aprarece, no obstante, atestiguado en el siglo X, cuando ‘Abd al-Rahman II accedió al trono, y más tarde, al final del reinado de al-Hakam II. Muy posiblemente la correpondencia era transportada por correos que iban escoltados y viajaban a lomo de mula, y quizá con más frecuencia por negros sudaneses, muy apreciados por sus facultades como corredores y por su resistencia física.

El uso de palomas mensajeras, heredado de los romanos en Oriente y perfeccionado de antaño por los árabes, fue una forma de comunicación especialmente extendida en al-Andalus a partir del siglo XI. Es muy posible que ya durante el califato se usara este medio para transmitir noticias de carácter urgente. En el período de las taifas, al-Mu’tamid, una vez concluida la batalla de Zallaqa, envió un mensaje a su hijo al-Rasid por medio de una paloma mensajera; al-Radi, otro hijo de al-Mu’tamid, puso sobre aviso a su padre utilizando el mismo procedimiento cuando se vio cercado por los almorávides en Algeciras. En 1279, y hallándose la ciudad sitiada por Alfonso X, los habitantes de Algeciras pudieron comunicarse con sus correligionarios de Gibraltar por medio de palomas mensajeras. El 21 de rayab del año 708/4 de enero de 1310 llegó a Almería, sometida a un largo asedio por los aragoneses, una paloma mensajera con la buena noticia de que los cristianos aceptaban negociar mediante el pago de una suma de dinero.

A partir del califato, se utilizó en las regiones costeras un sistema de comunicaciones muy rudimentario: se podía establecer comunicación entre las diversas torres de vigía que jalonaban todo el litoral utilizando durante el día señales y durante la noche fogatas. Quedó probada la eficacia de este sistema especialmente durante el siglo XIV, cuando los nasríes tuvieron que pertrecharse ante los preparativos navales de los aragoneses.


Muwaschaha: Abraham ben 'Ezra (1092-c.1167), Poema de amor



¡Dí, qué haré,
cómo viviré!
Este amado aguardo; ¡por él moriré!





Tú que adornaste mi cuello con el collar de tus favores,

grandes como perlas y engarzados como ellas en el hilo,

adorna ahora mi mano con el halcón.

Hónrame con uno de limpias alas,

cuyo plumaje se haya combado por el viento norte.

¡Con qué orgullo sadré con él al alba,

jugando mi mano con el viento,

para apresar lo libre con lo encadenado!”












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Re: Literatura Andalusí

Mensaje por Damaduende el Jue 23 Sep 2010, 23:09




Di a mi amor

que no dude en verter mi sangre

porque mi sangre le es debida en toda circunstancia

Si derramar mi sangre es tu último deseo

no es un precio elevado

a cambio de tu mirada



Ay! Si alguien aliviara

las penas de mi pasión

Mirándola tan hermosa, he gritado entre la gente,

porque has elegido tu casa

en lo más profundo de mi,

oh tu, de ojos castaños y afilada mirada.

Mi pasión por ti no cambia, anuncia la eternidad.

Perdóname y permite que vuelva lo antes posible,

porque la distancia es horrible,

insoportable para el amante.

El que es abandonado por su amante, pierde el

sueño.




Yo soy rehén de quién ocupa mi pensamiento

y he visto en su mejilla derecha flores:

rosas, azucenas y jazmines

Y le digo: “Qué veo en tu cara?”

“Es la luna”, me responde.

Y le digo: “Qué hay allí en el nacimiento de tus

pestañas? “Pupilas negras sobre blancor”.

¿Qué hay en tus labios?

Y me responde: “Piedras preciosas”.

He visto brillar en su frente cejas como rosas,

azucenas y jazmín.

Le digo “¿Ciertamente eres tú la belleza?”

“Yo soy”, me responde.

Y entonces le digo:

“Tus ojos son como el carbón”

Y me responde: “¡Insolente!”

Le digo: “¡Por piedad, concédeme el favor de

reunirme contigo!” “Me respondió: ¡Soy avara!”.







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Re: Literatura Andalusí

Mensaje por Damaduende el Lun 04 Jul 2011, 22:30

Averroes y sus aportes a la filosofía


Averroes parece más un intelectual renacentista o un filósofo moderno que un pensador medieval ligado a la tradición


Abú-l-Walid Muhammad ibn Rusd, el Averroes de los latinos, nace en la ciudad de Córdoba el año 1126 y fallece en Marruecos, en Marrakech, (Marrakús), sede de la corte almohade, en el año 1198 [1].

La influencia de Averroes en la historia del pensamiento europeo fue decisiva. Los estudiosos judios difundieron sus Comentarios a las obras de Aristóteles y fueron la base principal de la ciencia hebráica a partir del siglo XIII. Mayor aún, si cabe, fue la influencia averroista en la escolástica cristiana pasando la obra y el pensamiento de Averroes a través de la Escuela de Traductores de Toledo al mundo cultural latino.

Fue un estudioso infatigable y un lector empedernido.Comentó a diversos autores griegos y árabes como Platón (La República), Porfirio (Isagogé), Galeno (varios tratados médicos), Temistio, Alejandro de Afrodisia (Metafísica y Sobre el intelecto), al- Farabi (escritos lógicos), Avicena (Sobre lo contingente y lo necesario y Poema de la medicina), Ptolomeo (Almagesto) y Algacel (La destrucción de los filósofos). Sin embargo, pasó a la posteridad como el Comentador por excelencia de Aristóteles.

Su contribución a la ciencia abarca tres ámbitos bien diferenciados: el Derecho, la Medicina y la Astronomía.

Escribió una valiosa obra de Fiqh o Derecho islámico, la Bidaya, que hay que insertar dentro de los estudios dedicados a los fundamentos del Derecho y que implicaba el análisis comparativo de las diferentes escuelas jurídicas islámicas.

En cuanto a la Medicina, Averroes escribió diversos tratados entre los que destacan el Kulliyyât o Libro de las generalidades de la medicina, traducido al latín medieval bajo el título de Colliget y muy difundido en el Renacimiento, y los Comentarios a Galeno.

Averroes planteo la necesidad de elaborar una astronomía física y no meramente matemática, que estuviera basada en la observación empírica del cielo, ya que estaba Insatisfecho con las teorías de Ptolomeo.

Construyó una filosofía estricta, sobre los cimientos de la ciencia griega, buscando especialmente un retorno a un aristotelismo integral, menospreciando la teología especulativa o kalâm.

Para él, la razón es la actividad superior del ser humano y sostuvo que a su cultivo se dedica la filosofía mediante un doble ejercicio: la aplicación de las leyes lógicas que rigen el pensamiento y la reflexión sobre los datos que nos proporciona la observación del mundo natural.

La filosofía es, por tanto, autónoma y se rige por una dialéctica interna que permite tanto superar el error como avanzar en el proceso de conocimiento del universo. Nada más alejado de la concepción averroísta de la filosofía que la posición de los escolásticos cristianos para quienes la filosofía debía estar sometida a la teología como su sierva o criada.

La noética [2] de Averroes formulada en su obra conocida como Gran comentario, parte de la distinción aristotélica entre dos intelectos, el nous pathetikós (intelecto receptivo) y el nous poietikós (intelecto agente), que permitió desligar la reflexión filosófica de las especulaciones míticas y religiosas.

Averroes se esforzó en aclarar cómo piensa el ser humano y cómo es posible la formulación de verdades universales y eternas por parte de seres perecederos. A diferencia de Aristóteles subraya la función sensorial de los nervios y reconoce en el cerebro la localización de algunas facultades intelectivas (imaginación, memoria...).

Sitúa el origen de la intelección en la percepción sensible de los objetos individuales y concreta su fin en la universalización, que no existe fuera del alma (el principio de los animales): el proceso consiste en sentir, imaginar y, finalmente, captar el universal. Ese universal tiene, existencia en cuanto que lo es por aquello que es particular. Es el intelecto o entendimiento el que proporciona la universalidad a lo que parte de las cosas sensibles.

En su obra Tahâfut, expone la necesidad de que la ciencia se adecue a la realidad concreta y particular, pues no puede existir conocimiento directo de los universales.

La concepción del intelecto en Averroes es cambiante, pero en su formulación más amplia distingue cuatro tipos de intelecto, es decir, las cuatro fases que atraviesa el entendimiento en la génesis del conocimiento: material (receptivo), habitual (que permite concebirlo todo), agente (causa eficiente y formal de nuestro conocimiento, intrínseco al hombre y que existe en el alma) y adquirido (unión del hombre con el intelecto).

Averroes distinguia, además, entre dos sujetos del conocimiento (más propiamente: los sujetos de los inteligibles en acto): el sujeto mediante el cual esos inteligibles son verdaderos (las formas que son imágenes verdaderas) y el sujeto mediante el que los inteligibles son un ente en el mundo (intelecto material). Consecuentemente, el sujeto de la sensación (por el cual es verdadera) existe fuera del alma y el sujeto del intelecto (por el cual este es verdadero), dentro.

Otras tesis que encontramos en Averroes son:
Que el alma está dividida en dos partes, una individual perecedera (intelecto pasivo) y otra divina y eterna (intelecto activo).

La tesis de Averroes de que sólo hay un entendimiento de todos los seres humanos a veces es etiquetada como "monopsiquismo", pero este es un término problemático, ya Averroes' se refiere a tesis de la unicidad del intelecto, no el alma.

La teoría de Averroes tiene una epistemológica y un propósito ontológico. Por un lado, Averroes quiere explicar como los inteligibles universales pueden ser conocidos, y por otro lado contrario, quiere dar cuenta de la demanda de Aristóteles de que el intelecto es la potencialidad pura y sin mezcla con el cuerpo.

El intelecto activo es común a todos los hombres. El intelecto activo se convierte en intelecto pasivo cuando se halla unido al alma humana. Cuando la facultad imaginativa del hombre recibe las imágenes que le proporciona la actividad de los sentidos, las transmite al intelecto pasivo. Las formas, que existen en potencia en tales imágenes, son actualizadas por el intelecto activo, convirtiéndose en conceptos y juicios.

En el ambito de la religión sostenia que las concepciones religiosas son los símbolos de una superior verdad filosófica; que el pueblo no debe creer sin razones sino que tiene que ser educado religiosamente, abandonando su tradicional ignorancia; y pensaba que los filósofos deben "inquirir por la razón los fundamentos de la revelación".

A fin de salvar la incompatibilidad de las tesis averroístas con la doctrina cristiana, Siger de Brabant propuso la doctrina de la doble verdad, según la cual hay una verdad religiosa y una verdad filosófica y científica. Esta doctrina sería adoptada por la mayoría de defensores europeos del averroísm
En el terreno ético-político Averroes se distingio por su actitud crítica y reformista. Por un lado, afirmaba que el Estado debe basar su acción política en la educación de los ciudadanos y no en la represión y por otro, sometio a severa crítica a los gobiernos islámicos de su época.

Otra muestra de su modernidad se encuentra en su denuncia del papel de la mujer en la sociedad de su tiempo, y su tesis de que el mundo es eterno.

El primer auténtico receptor de la obra de Averroes fue Tomás de Aquino. Su deuda intelectual es grande, en especial en metafísica, psicología e incluso teología.

Por su reivindicación de la filosofía, por su valiosa contribución científica y por el espíritu innovador que inspira su pensamiento, Averroes parece más un intelectual renacentista o un filósofo moderno que un pensador medieval ligado a la tradición. Entre los precursores de la cultura europea moderna, Averroes ocupa, un lugar de primer orden.


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Re: Literatura Andalusí

Mensaje por Damaduende el Lun 04 Jul 2011, 22:44

AL-ANDALUS, EL FARO QUE ALUMBRÓ LA EDAD MEDIA –

El período conocido como Edad Media, significó para el occidente europeo un retroceso brutal en todos los campos de la actividad humana y a todos los niveles de la sociedad, quedando la cultura reducida a su estadio más elemental. Durante un periodo de varios siglos, el legado de las civilizaciones precedentes fue arrasado por el fanatismo y la superstición, e incluso corrió serio peligro de perderse casi en su totalidad. Pero justo al mismo tiempo, en ese último extremo de Europa que es la Península Ibérica, las artes y las ciencias encontraron un marco idóneo donde volver a florecer, siendo, de alguna manera, el preámbulo al Renacimiento.

Durante la Alta Edad Media, Al-Andalus se convirtió en uno de los emporios científicos más importantes del mundo. Este hecho queda ejemplificado por la existencia de la inmensa biblioteca del califa Al-Hakam II, hijo menor del gran Abd-al-Rahmán III; esta biblioteca, que hubiera podido rivalizar con la de Alejandría en su época de esplendor, constaba de cerca de 400.000 volúmenes y un índice de clasificación compuesto por 44 cuadernos de 50 folios cada uno. Trabajaban al servicio de la biblioteca un equipo de copistas, traductores, ilustradores y encuadernadores, más numeroso que el de todos los monasterios de monjes copistas de Europa juntos.

La labor de los científicos hispanoárabes se llevó a cabo en dos sentidos: por un lado rescataron parte de antiguos conocimientos de egipcios, hebreos, babilonios, persas, griegos y romanos, a la vez que importaron desde el lejano Oriente los descubrimientos más avanzados de su época, los cuales provenían sobre todo de China y de la India; por otro lado, ellos mismos realizaron sus propios descubrimientos. Así fue como a través de los árabes llegaron a la Europa medieval -vía Al-Andalus- el álgebra, el ajedrez, la brújula, la pólvora, el jabón, el alcohol, el papel… y muchos otros conocimientos e inventos, a los que hemos de añadir todos aquellos que ya existían con anterioridad, pero que ellos mejoraron.

Fueron numerosas las ramas de la ciencia en las que los sabios de Al-Andalus dejaron su impronta: las matemáticas, la astronomía, la ingeniería, la navegación, la medicina, la alimentación, la botánica, la agricultura, la arquitectura… e incluso la cosmética. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que lo que se produjo en la España musulmana fue un auténtico renacimiento de las ciencias y las artes, en contraste con el casi total rechazo y abandono del que éstas eran objeto en el resto de Occidente. Ahora vamos a desglosar todo este compendio, enumerando a los científicos más importantes, sus descubrimientos y los hitos más destacables de sus obras.

Comencemos por las matemáticas puras, y dentro de éstas, por lo más básico: el sistema de numeración. Anteriormente se utilizaban los números romanos, pero representar cantidades grandes con ellos, y no digamos realizar operaciones de suma, resta, multiplicación o división, resultaba tremendamente engorroso. El sistema de numeración que utilizamos hoy en día es el mismo que utilizaban los árabes, aunque la grafía de los números ha cambiado un poco, pero es muchísimo más práctico que el romano. Aunque fue gracias a los árabes que lo conocemos, su origen es hindú. Sin embargo, no se limitaron a recoger el conocimiento ajeno, sino que además lo hicieron evolucionar; ellos utilizaron el cero como un dígito más, colocándolo en todas las posiciones posibles entre los demás números, para poder expresar cualquier cantidad de la manera más simple posible, lo cual significó una importantísima evolución en las matemáticas. Muhammad ibn Musa Al Jwärizmï, gran matemático de finales del siglo VIII, escribió una obra al respecto, titulada Kitab-al-Jabr, un tratado completo de álgebra que incluye ecuaciones e integrales entre otras operaciones; la mencionada palabra «álgebra» deriva de al-Jabr. Además de todo esto, Al Kwharizmi se sirvió de la regla de tres y formuló el método para extraer raíces cuadradas y cúbicas, por lo que puede considerarse que su trabajo está a la altura de matemáticos posteriores tan importantes como Leibniz o Gauss. También conocemos gracias al cadí o gobernador de Jaén, Ibrahim Ibn Muda, el primer tratado de trigonometría esférica registrado en la historia de España, titulado Kitab Mayhulat kisi al-kura (Libro de las incógnitas del arco y de la esfera), fue escrito hacia finales del siglo XI. Esta obra, de carácter práctico, consta de dos partes: la primera expone la teoría, mientras que la segunda pone a prueba los conocimientos del estudioso mediante problemas cuya solución se encuentra en los postulados teóricos de la primera parte.

La astronomía fue una de las ciencias en la que más despuntaron los sabios de Al-Andalus, porque en sus investigaciones avanzaron hasta un nivel comparable al que alcanzaron algunos de los astrónomos del Renacimiento. Uno de los más destacados fue Yahya-al-Gazal, embajador de profesión, al servicio del califa Abd-al-Rahmán II durante la segunda mitad del siglo IX, y astrónomo en su tiempo libre, que no debió ser mucho, pese a lo cual consiguió rescatar las tablas astronómicas del persa al-Juwarizmi, mucho más prácticas y exactas que las que habían usado hasta entonces. Este matemático y astrónomo había compilado la sabiduría astronómica de la India, pero escribió otras obras que fueron también conocidas en Al-Andalus. A él se debe el nacimiento de la ciencia del álgebra o «complementación».

Posteriormente surge en el panorama científico hispanoárabe uno de esos genios que hacen historia; se trata de Azarquiel, que vivió entre 1029 y 1100. Trabajó en primer lugar al servicio de Al-Mamún, emir de Toledo, desarrollando astrolabios de diseño plano, con los que se podían realizar cálculos más precisos, y gracias a eso pudo construir un planisferio celeste. Algún tiempo después construyó otro aparato, al que llamó «ecuatorio», en el que se mostraban los distintos planetas del sistema solar conocidos entonces, así como sus órbitas alrededor del Sol; en él quedaba reflejada la trayectoria elíptica de Mercurio, lo que ya indicaba que sus investigaciones iban en la dirección adecuada, como confirmarían las observaciones en los siglos venideros. Otro de sus inventos consistió en un reloj de clepsidra, o sea, que funcionaba con agua, y que indicaba tanto las horas del día como las de la noche, e incluso las fases de la Luna; todo ello con un margen de error muy pequeño. También dejó a la posteridad -además de numerosas tablas astronómicas, en las que describía las órbitas del Sol, los planetas y la Luna, tomando como referencia el meridiano de Toledo-, el compendio de las observaciones que realizó a lo largo de 25 años de los movimientos del Sol respecto de las estrellas, obra a la que llamó Suma de los movimientos del Sol. La práctica totalidad de sus trabajos se recopilaron diligentemente, quedando recogidos en Los libros del Saber de Astronomía, publicados por orden del rey Alfonso X el Sabio. Pero con anterioridad a este hecho, Maslama Al-Mayriti, oriundo de Magerit (Madrid), que vivió a finales del siglo X, había adaptado las tablas astronómicas de Al-Jwarizmi al meridiano de Córdoba y a la Hégira, o año cero de la era musulmana (627 de la era cristiana). También tradujo El Planisferio de Ptolomeo, y escribió un tratado sobre la construcción de esferas armilares, también llamadas astrolabios, que se utilizaban para mediciones astronómicas. Abd-al-Rahmán Al-Sufí realizó un catálogo estelar, inspirándose en el Almagesto de Ptolomeo, cuya precisión ha posibilitado su uso incluso hoy en día.

Finalmente, podemos citar a Alpetragius, sobrenombre latino de un astrónomo de Córdoba, de nombre desconocido, que rompe una lanza a favor de un modelo de sistema solar heliocéntrico, es decir, que el Sol ocupa el centro del sistema, cuestión que, por otra parte, no será planteada por los astrónomos europeos hasta el Renacimiento.

Y si fueron maestros trabajando en el campo de la teoría, no se quedaron atrás en las aplicaciones prácticas, como demuestran sus obras de ingeniería aplicadas a la arquitectura y a la agricultura. Siendo Córdoba capital del Califato Independiente en el siglo IX -cuando las que en un futuro habrían de ser grandes capitales de Europa no eran más que pobres aldeas-, ya contaba esta gran metrópoli, la mayor de todo Occidente, con alumbrado público a base de antorchas en gran parte de sus calles y plazas. También contaban en algunas casas con un ingenioso sistema de aire acondicionado, consistente en hacer circular aire a través de unos conductos forrados con fieltro, el cual se humedecía gracias a un constante goteo de agua perfumada, y de esa manera refrigeraba toda la casa. Por otra parte, el monumento más conocido de Al-Andalus, la Alhambra de Granada, guarda un secreto muy práctico, y es que está orientada según los vientos dominantes de Sierra Nevada a lo largo de cada estación; lo que se pretendía era resguardarla del viento en invierno, para que se mantuviese caldeada, pero exponerla en verano para que se mantuviese fresca. Pero fueron sus aplicaciones agrícolas las que más admiración nos causan hoy: importaron la noria desde el Oriente Medio, e implantaron en los campos del levante los ingeniosos sistemas de regadío que tanto éxito habían cosechado en Babilonia y que aún hoy en día siguen en uso, e incluso ha llegado hasta nosotros un Tratado de Agricultura, obra de Ben Wafid, que fue utilizada por Campomanes, ministro del ilustrado Carlos III, para explotar más eficazmente las fincas agrícolas. Sin embargo, y no contentos con eso, trajeron desde Oriente numerosos cultivos desconocidos hasta entonces, como el arroz, el azúcar, el limonero, las berenjenas, las alcachofas o las espinacas.

Pero es sin duda la medicina, por delante incluso de la astronomía, la rama de la ciencia en la que más trabajaron los hispanoárabes, y en la que más éxitos obtuvieron, porque como afirma un hadith, o sentencia coránica: «la medicina es la salvación del cuerpo», colocándola a la altura de una ciencia independiente, y siendo los médicos tan bien considerados y respetados como los sacerdotes, los jueces o los oficiales del ejército. La medicina era una ciencia al servicio de todos los ciudadanos y residentes, y no sólo de los acaudalados que se podían permitir un médico particular; los hospitales y los medicamentos eran gratuitos y siempre estaban atendidos por personal especializado, incluso para tratar las enfermedades mentales, que en Europa se consideraron simplemente como posesiones demoníacas hasta bien entrado el siglo XIX, pudiéndose encontrar al menos uno en cada ciudad que pudiera considerarse como tal.

Como se ha mencionado, varias fueron las culturas que aportaron sus conocimientos a la medicina árabe. Así, estudiaron al griego Hipócrates, considerado el padre de la medicina, al romano Galeno y también a las obras dejadas a la posteridad por hebreos, egipcios, babilonios y persas. No dejaron de lado las soluciones de la medicina hindú y china, consideradas las más avanzadas de la época. Conocían los diferentes órganos del cuerpo humano, su función y su situación dentro de éste; también sabían de la circulación de la sangre, diferenciando entre la arterial y la venosa, así como el esquema básico del sistema nervioso. Sus conocimientos del sistema óseo les permitían tratar con éxito las fracturas más comunes. Tropezaron, sin embargo con un obstáculo importante: la ley coránica prohibía expresamente diseccionar cadáveres, pese a lo cual, sus conocimientos anatómicos eran muy avanzados para su tiempo. Sus técnicas eran muy variadas y proporcionaban un abanico de soluciones muy completo: practicaban la cirugía, incluida la ocular, trataban las fracturas, luxaciones, lesiones de músculos, tendones y articulaciones, a base de masajes y fármacos; tomaron de los chinos el uso del opio como analgésico, y asimismo se sirvieron del alcohol como antiséptico. A principios del siglo XI, Abúl Qasim al-Zahrami, médico de Córdoba, publica una enciclopedia que reune todo el saber de la medicina de Al-Andalus en todas sus ramas, incluyendo la más desarrollada, la oftalmología; no es una simple recopilación de datos, sino que también contiene una parte de ética profesional que ha de ser observada rigurosamente por quienes ejercen la medicina. Pero ésta es sólo una de las numerosas obras escritas entonces sobre medicina, pues también pueden citarse el Kitab al-Taysir o Libro que facilita el tratamiento, de Avenzoar o el Kulliyat fi´l-tibb, o Libro general de medicina, entre otros.

Al contrario que en la Europa cristiana, en Al-Andalus, al igual que en el resto del mundo islámico de la época, había un conocimiento amplio y bastante profundo para aquel entonces sobre la geografía del mundo conocido. En este sentido destacan los trabajos de Abú Obeid al-Bakrí, autor del Libro de los reinos y los caminos, y Abú Abbás Ahmed ben Umar, quien escribió El Jardín de las maravillas del Mundo y Los caminos del Orbe. Hoy sabemos que los navegantes hispanoárabes ya disponían de embarcaciones con vela latina para poder navegar contra el viento, conocían las corrientes submarinas del estrecho de Gibr al-Tarik (Gibraltar o Monte de Tarik) y los vientos dominantes en el Mediterráneo, el Índico y parte del Atlántico, así como la configuración de las costas desde Finisterre hasta la Mauritania por el Sur, y hasta el estrecho de Malaca (Malasia) por el Este. También supieron sacar partido de la «aguja de marear», es decir, la brújula, inventada por los chinos pero conocida por los marinos hispanoárabes desde el año 854.

Este era el panorama de la ciencia en Al-Andalus; y podemos afirmar que la ciencia hispanoárabe, en la que trabajaron no solamente musulmanes, sino también cristianos y judíos, no pasó por ninguna época de renacimiento, puesto que jamás fue eliminada de la vida cultural de la sociedad, como sí sucedió en la Europa cristiana, en la que toda ciencia desapareció o hubo de ocultarse, para ser suplantada por la más profunda y desoladora ignorancia, propiciada por el fanatismo y la intolerancia.

Sirva este artículo para dar a conocer, en sus rasgos más importantes, los hitos y la importancia de aquel afortunado período, y también como un humilde homenaje a la grandeza de su aportación a la ciencia, que no es patrimonio de un pueblo ni de una época determinada, sino de toda la Humanidad en el pasado, en el presente y en el futuro.



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Re: Literatura Andalusí

Mensaje por Damaduende el Jue 23 Ago 2012, 00:11

La Alboronía es uno de los platos mas deliciosos que nos ha dejado el legado Andalusí; la palabra alboronía viene del vocablo árabe al-baraniyya que significa cierto manjar, y efectivamente es un autentico manjar este guisado de berenjenas como también se le suele llamar.

Existe una leyenda que nos cuenta que la palabra alboronía proviene del nombre de la princesa Al-Buran ya que este plato se preparó por primera vez el día de su boda.

Independiente del dudoso origen del nombre del plato, lo que si se sabe es que los ingredientes que formaban parte de este original guiso, en aquellos tiempos, eran berenjenas, ajo, cebolla, calabaza y frutos secos triturados, como almendras, nueces o avellanas.




Con el descubrimiento de América se conocieron nuevos productos como el tomate y el pimiento, y de este el pimentón, elementos que pronto se convirtieron en ingredientes habituales de la alboronía aunque todavía, en muchos sitios de Andalucía, se sigue elaborando según la antigua fórmula.

La alboronía se convirtió en un plato muy apreciado en toda Andalucía y, al igual que ocurría en la época mozárabe, era usual degustarla en bodas y grandes celebraciones, tal era la categoría que se otorgaba a este plato. De Andalucía pasó a otras tierras españolas que con el tiempo la denominaron pisto. Son muchos los que como Nestor Luján aseguran que la alboronía es la madre de todos los pistos, no solo del manchego (el mas conocido y emblemático), sino también de los demás como el madrileño, el bilbaíno, el tumbet mallorquín o el catalán que ellos llaman xanfaina.

Al igual que la alboronía adoptó productos provenientes de América, ésta aceptó este guisado de berenjenas, que les llegó con los primeros descubridores, y le agregó algunos de los productos típicos de la tierra. Es muy conocida la Boronía ( o alboronía) que se prepara en Colombia que además de las berenjenas, la cebolla y el ajo, lleva plátanos maduros y otros aditamentos, en función de la zona donde se elabore, como queso fresco o jitomate.

Vemos pues que la alboronía, en unos casos a cambiado de nombre (pisto, boronía...) y en otros ha modificado sus ingredientes, pero siempre con un principio común a base de berenjenas. Un caso curioso dentro de estos cambios que estamos comentando, es el ocurrido en algunos pueblos de la provincia de Sevilla como Carmona en el cual se le llama boronía como en América y se le agrega garbanzos fritos a modo de coscorrones.

(El arte culinario de la época Andalusí, trasladado a nuestros días.)




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Re: Literatura Andalusí

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